lunes, 26 de octubre de 2015

Suban, empujen, estrujen, balotajen.



En estas horas en que los medios se nutren de las especulaciones sobre el movimiento de los votos de los cuatro candidatos restantes, me da por recordar las circunstancias del anterior balotaje, aquél que no fue, en el año 2003. 
Militaba en aquella elección para el PH, que no era un análisis de la acidez de un líquido, sino las siglas del Partido Humanista, por el cual competiría meses después como candidato a diputado. Suena bien, pero así como el 100% de nada es nada, ser candidato a un alto cargo por una fuerza tan endeble, no es mérito alguno.
Ese año hicimos un gran cierre de campaña, en la sede central, cortando la Avenida Callao. Éramos, diría Mundstock, verdaderos nómades de la política. No porque deambuláramos sin residencia fija, sino porque éramos no má de 50.
Luego fui fiscal en 2 escuelas de Bosques y llegó el balotaje.
Pocos días después, en una reunión de militantes absolutamente colmada, se nos informa que Luis Ammán, presidente del partido, dijo que volveríamos a poner la boleta revolucionaria del humanismo en las urnas.
En mi única alocución de mi (extremadamente) corta carrera política, tomé la palabra para informar que desobedecía el mandato por el placer que quería permitirme: impedirle una nueva reelección a Menem.
No hubo vítores ni abucheos, sólo un incómodo silencio y se continuó con el orden del día: escuchar otro aburrido discurso de Silo, el profeta de Los Andes.
Quizás, entusiasmado por la épica con la que cuento esta historia, el lector, inocente, me imagine arengando a las multitudes de una numerosa asamblea, pero la realidad es que sólo había 7 personas. Sumamente comprometidas, eso sí.
No falté a la verdad, sin embargo, al decir que estaba colmada. Hacía frío y las siete almas nos apretujábamos en una pequeña cocina, lo más cerca posible de la hornalla de un anafe alimentado a garrafa. "Si soy electo diputado, prometí, hacemos la instalación de gas natural". Creo que no ganamos ni siquiera en esa cocina.

1 comentario:

  1. Es tan natural, que es ingenioso. Testimonios de un modo de militar la militancia, que va pasando de una generación a otra, sin que al parecer, nos demos cuenta.

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