martes, 27 de octubre de 2015

Imputabilidad


Quiero denunciar un hecho de inseguridad. Yo tenía 3 pelotas. Una de cuero rotísima y con la cámara bailoteando adentro, otra de goma, tipo pulpo toda tajeada y otra de plástico amarillo, nueva, que me regaló mi papá después de un madrugado partido de la selección juvenil del 79. 
Estaba jugando, ignorante de las acciones innobles a las que pudiera arrastrar a las personas la codicia; cuando mamá llamó a tomar la leche. Para evitar el incómodo traslado de esféricos (uso un diccionario de sinónimos para no repetir "pelota". Uy, se me escapó), las dejé detrás de un pilarcito bajo que daba a la calle. Al fin y al cabo, en un ratito volvería.
Cuando salí, mordisqueando un pan con margarina y azúcar, sólo había dos balones Emoticón wink faltando, justamente, el maradoniano. Muy decepcionado, tanto que todavía puedo sentir la desdicha, seguí jugando con los útiles de juego dañados por el tiempo y las patadas, maldiciendo mi estupidez al momento de tomar la decisión de dejarlas afuera.
Guardé silencio ante mis padres, nunca revelé el robo que desnudaría, más que la codicia de los transeúntes, la inaudita torpeza de quien escribe.
Recién hoy, a 35 años de distancia, puedo contar y cortar este nudo atado por la inseguridad. La inseguridad del ego, por supuesto, que parece, por fin, abandonar la idea de bajarse a sí mismo la edad de imputabilidad.

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