domingo, 25 de octubre de 2015
El voto salame
En estos días circulaba la información de aprovechar las elecciones para exigirle a las autoridades que trataran una ley contra la trata de animales o algo así.
Últimamente, algunas personas advirtieron a los ciudadanos que agregar folletos o consignas ajenos a las boletas oficiales dentro del sobre, anulaba el voto.
Me acordé de fines de la década del 90 y principios del 2000. En esos tiempos se motivaba a la gente a anular el voto de manera ingeniosa, poniendo una imagen de Patoruzú o, como dijo Eduardo Feinmann en aquellos días, una feta de salame.
El caso es que los electores competían en ingenio y galanura para salir, supongo, en las noticias.
En esos años, siempre me llamaban para presidir alguna mesa. Al momento del recuento, creo que en 1999, me encontré con un sobre de contenido gelatinoso. Algunas imágenes indeseables surcaron mi mente. El vice me miraba con ojos espantados.
- ¿Qué hacemo'?
Ahí nomás, y con el beneplácito de vice y fiscales de todos los colores, cuyos gestos de repugnancia eran mayores que su curiosidad, lo metimos en un sobre grande y se lo mandamos para que lo abra la Justicia Electoral.
De manera indirecta, ensobramos aquella noche nuestro voto ingenioso, claro que con el ingenio (y quién sabe que otro elemento) ajeno.
Espero, por el bien de los miembros del Tribunal, que sólo haya habido una feta de salame.
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