viernes, 14 de noviembre de 2025

NARCISISTA

Soy narcisista. Orgullosamente narcisista. Hoy día es común llamar así a quienes antes se les decía psicópatas, personas incapaces de sentir amor, compasión y ternura sincera por los demás, siempre centrados en ellos mismos, persiguiendo el propio placer a costa de los otros. Imagino que para evitar confundirlos con los psicóticos alguien dijo "mejor definamos a estos tipos como narcisistas". Y para mí es un problema. 

Para mí los narcisistas somos tipos divertidos de ver desde afuera y casi inofensivos. Nos creemos bellos, buenas personas, excelentes actores y escritores o dotados artistas en general.

Pero los vecinos, amigos y ocasionales lectores navegan entre la risa, la pena y la vergüenza ajena.

"Qué saben", pienso yo mientras veo mi reflejo en el agua como el primer Narciso, aquel cuya belleza autopercibida se convirtió en una hermosa flor. Veo mi reflejo y me hipnotiza. No puedo creerlo. El agua algo turbia de la palangana en la que me lavo las patas, deja entrever la perfección de mi rostro y, más allá, la de mi alma. Me acerco un poco más, mientras intento secarme velozmente un pie y hago equilibrio con el otro para no mojar el piso y así evitar que truene el enojo de Angélica. Corro hacia los bordes algunas formaciones sólidas que flotan en el agua para ver mejor. Ahí estoy, luminoso, divino, recio, peligrosamente masculino. Pero la posición no es estable y caigo de cara al recipiente. 

Así, tirado en medio de un charco y con la palangana de sombrero, Angélica me encuentra.

- Querida mía: ¿Creció una flor en donde estaba mi reflejo?

- Sí, de acá puedo ver la flor de pelotudo. La bautizaremos con tu nombre.