viernes, 30 de octubre de 2015

La mayéutica de las pasas de uva


Mi viejo era muy voluntarioso en la cocina. No muy hábil pero voluntarioso. Creo que yo heredé esta cualidad. Y también su defecto.
Le gustaba hacer empanadas. Hacía hasta la masa, que le salía como una especie de torta frita. Para el relleno, bastante azúcar y una buena cantidad de pasas de uva, que a mí no me gustaban.
Igual, tenía en cuenta mi disgusto. Entonces armaba la mitad de relleno con pasas de uva y la otra mitad con el doble de pasas de uva.
A él le encantaban , las disfrutaba tanto...
Una noche le digo: "Papá ¿por qué no me hacés algún día 6 o 7 empanadas sin pasas?". Él me miró como no comprendiendo, como si estuviera ante un planteo absurdo. "¿Para qué? Así no tendrían sabor a nada".
Hoy día, en mi casa me encargo de las "Lokupizzas". Cada integrante de la familia pide una variedad de pizza y yo se las preparo. Así nacieron "Lágrimas de Angélica" (fugazzetta), "Especial Jimena" (jamón y papas pay), "Santiago Tropical" (ananá) o "Dr Octopus" (8 huevos). Además ambientamos el lugar con cartelería como "Living la pizza loca", "50% pizzas, 50% lokura", "Pida flan con crema" y "Los empleados deben lavarse las manos". Todos carteles realizados por Jimena, la más prolija (por lejos) de los cuatro.
En este contexto de pizzas democráticas le conté una vez a Santiago la anécdota de las pasas de uva. Con esa intención edificante que tiene uno como padre, de hacer saber que en el pasado se elegía menos y se acataba sin tantas vueltas.
Anoche Angélica hizo unas riquísimas empanadas. La empanada es algo que no puedo cocinar. Mis manos torpes nunca lograron realizar un repulgo más o menos decente. Yo comía entusiasmado. Pero Santiago tenía algo que objetar:
- Me gustarían sin aceitunas.
- Si les sacás las aceitunas pierden sabor. Van a terminar no teniendo gusto a nada.
No sé si por herencia genética, no sé si por mis propias deudas psicológicas, no sé si por el karma, pero fue tan familiar esa sonrisa con la que me miró. Con la confianza sobradora de quien sabe que te tiene en sus redes, entregado, perdido, pataleando. Con la paciencia de quien esperó quizás 30 años para dar esa respuesta, sabiendo que el tiempo es más o menos circular. Su voz sonaba a viejo sabio, a maestro zen, a mayéutica.
- ¿Como las pasas de uva, no es cierto?

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