domingo, 15 de noviembre de 2015
El otro
Mucho trabajo nocturno me tiene, en este momento, a contramano del mundo. Mi familia son risas y platos y conversaciones oídas entre sueños. Algo así, supongo, soy yo para ellos: un monólogo moviéndose entre las sombras de la casa.
Pero hay otro Octavio que, ése sí, sueña por las noches. Algún día, que no recuerdo, nos encontramos frente a frente en el espejo y, a fuerza de movimientos contrarios, de izquierdas que son derechas y lógica de letras de ambulancias, nos fuimos alejando indefinidamente. A cada movimiento que yo hacía, correspondía un movimiento de él en la dirección contraria.
Hoy encontré su perfil de facebook, al que entré entusiasmado y fui desilusionándome de a poco. Le encantan cosas como el reggaetón, el libremercado y los programas de chimentos. Ha mejorado su aspecto, al punto de que parece un tipo canchero y viste con buen criterio, lejos de "mi torpe aliño indumentario". Conserva su pelo intacto y negro y no me extrañaría que tuviera la vista de un felino.
Escribe muy bien el desgraciado, es creativo y muy gracioso, lo que me produce una profunda envidia.
Le envié una solicitud de amistad y se hizo el boludo. Íntimamente, deseo que también lo sea.
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