1 - Hay más de mil kilómetros entre Suiza y Nápoles
Entré junto a mi familia a un restaurante en Concepción del Uruguay. Era medio tarde, cerca de las 3 de la tarde. Pregunté si podían atendernos y la camarera que nos recibió nos dijo que sí. Nos sentamos a la mesa y se acercó otra camarera que nos informó antes que nada, sobre algunos platos que se habían agotado. Creo que era porque “allí servían todo fresco”. Nos preguntó, después de dejarnos hojear el menú, qué pediríamos. Sin anotar nada, tomó el pedido de los 4. Cuando la comida llegó, comprobamos que había alterado casi todo. Las milanesas de ternera se convirtieron en milanesas de pollo, las suizas en napolitanas, las aguas saborizadas en gaseosas, las ensaladas en otra cosa que no recuerdo. Devolvimos algún plato no negociable, redistribuimos otro y nos acomodamos. Demasiado tarde para lágrimas. Nos miramos con Angélica y, mientras se alejaba, nos preguntamos casi al unísono “¿Por qué no anota?”.
Con mi familia también y otra familia y otra más, fuimos a 1888 en Varela, varios meses después. 12 personas y la mesera que tomaba el pedido también confiaba en su memoria. Esta vez, me propuse observarla. Minutos después volvió con todo sin errores, salvo el preguntar en algunos casos para quién era. La felicité fervorosamente. En secreto la había desafiado. La propina en ese momento se dibujó generosa y carrioristica en mi mente. A la hora de dejarla efectivamente y ya pasada la emoción del desafío, fue fruto de la calculadora más que del corazón.
2 - Todo es por el córtex dorso... ¿cómo era?
El secreto parece estar en el funcionamiento de la memoria de trabajo, una compleja actividad neuronal, localizada en el córtex frontal dorsolateral del cerebro, que permite retener información a corto plazo y hacerla operativa. Es decir, no es un almacenamiento, algo que se guarda en el depósito, sino que se deja sobre el mostrador o el escritorio, listo para ser usado. Tiene una capacidad limitada, por lo que nuevos datos u ocupaciones o, incluso, descanso de las tareas, pueden desplazar esos primeros datos al olvido.
Esa misma memoria de trabajo nos permite ser multitareas. Sin que se vean afectadas otras áreas cognitivas podemos mantener una conversación mientras cocinamos o manejamos, por ejemplo. También nos sirve para ir asociando los datos nuevos que van apareciendo en una clase o charla, con otros ya enraizados en nuestra memoria. Estas asociaciones son imprescindibles para el desarrollo del aprendizaje.
Los mozos tienen un mapa mental, configurado por los hábitos, de las mesas y ubicaciones en las mesas. Los pedidos nuevos tienen que ser automáticamente ubicados como marcas en ese mapa, mediante la asociación.
3 - Ésto funciona para los mozos pero qué hay de nosotros
En mi adolescencia descubrí una manera de utilizar un mapa con asociaciones nuevas. Un truco mnemotécnico que, en lo lúdico, me sirvió para memorizar 20 o 30 palabras con cierta facilidad, maravillando a las chicas en las reuniones sociales; y, en lo académico, para memorizar ítems claves de algún suceso histórico o características de la célula o lo que fuere. Hoy día, sólo lo utilizo para recordar las listas de supermercado.
Consistía en un mapa mental de un camino conocido. A ese camino, por ejemplo, mi recorrido desde mi casa a la escuela, lo dividía en 20 o 30 paradas a las que caracterizaba con una imagen: la puerta de mi casa, la casa de mi vecino, el local de la esquina, la estación de servicio, etc. Cada nueva palabra ocupaba una imagen en ese camino. En una lista de supermercado sería así.
- lavandina: la puerta de mi casa, azul, está toda blanca porque una botella de lavandina enorme se derrama sobre ella.
- pasta de dientes: mi vecino está en su vereda lavándose los dientes
- arroz: el local de la esquina se convierte en un registro civil y sale una pareja de recién casados y le tiran arroz.
- comida para mascotas: el empleado de la estación de servicio es un perro y me cobra la nafta en dogui.
Si al lector le parecen demasiado exageradas las imágenes, sepa que es porque noté que mientras más ridículas las escenas, mejor las recuerdo. El tiempo para memorizar la lista es de 3 a 5 segundos cada ítem.
Hay mozos que, dicen, asocian el pedido a la cara de los clientes. Si el cliente es conocido, el mecanismo sería parecido. Si es nuevo, sería un trabajo extra para esa memoria: el mapa de las mesas, las caras y los pedidos. Me inclino más a pensar que, en estos casos, toman una característica física o de vestimenta para sumarla como marca. En mi caso dirían: "Sale un cortado americano para el lungo de antiojos".
4 - "Mi memoria, señor, es como un vaciadero de basuras"
Nuestra percepción es limitada a pocos datos pero tenemos la capacidad de ampliarla de ser necesario. Incluso, cuando estamos viendo un partido de fútbol, ante el violento “No me estás escuchando” de nuestra pareja, somos capaces de retener algunas pocas palabras que ya habían sido dichas, como si fuera un pequeño salto al pasado, y a partir de allí reconstruir la idea general del mensaje.
Estos pocos datos a la vez requieren que nuestra atención sea discriminatoria. Atendemos aquello que creemos que es importante o lo que, por algún motivo psicológico, no podemos dejar de atender, como un pensamiento recurrente o el vuelo ornamental de moscas durante un discurso largo y aburrido.
Cuando era niño y recienvenido a la adolescencia, amaba los argumentos de suspenso y misterio, tanto en libros como en películas. Llegó a mi conocimiento la existencia de una película medio italiana medio norteamericana, 4 moscas sobre el terciopelo gris, del escabroso director Darío Argento. En un momento, el filme postula que la última escena que ven los muertos queda grabada en sus retinas. Es decir, la vieja metáfora llevada a la realidad cinematográfica. Y reconstruyendo este recuerdo físico y sin intervención del cerebro, dan con el asesino. En aquellos años me parecía genial, aún haciéndome ruido, esta posibilidad. Además rompía con el uso de la pura razón de Sherlock Holmes y daba lugar a la creatividad.
Quizás algún día se pueda descubrir algo así, pero mientras tanto tendremos que conformarnos con lo que tenemos: sin el sujeto no existe la memoria. Y ésta no es algo objetivo, como sugería Argento, sino que surge de la interacción dialéctica de nuevos datos con nuestros viejos recuerdos, intereses, emociones, mandatos culturales, afectividad, rechazos y miedos. Todos instalados en nuestra historia. Ah, sí, porque además de dialéctica, la memoria es histórica. Y al no existir sin sujeto, también podría calificarla como material. Si logro meter el concepto de plusvalía, en una de ésas termino diciendo que es marxista.
- ¿Qué se van a servir los señores?
- Una stella de litro.
- Una picada para 3.
- ¿Le compraste el regalo a tu hija?
- Que sea una stella y una quilmes, mejor.
- Sí, un libro de Luis Pescetti.
- Yo voy a tomar una coca zero.
- Ay, coca zero. ¿Qué te hacés?
- Estoy gordo como una albóndiga.
- ¿Cuánto medís?
- No se olvide de mi stella.
- ¿Hay partido?
- Un metro noventa y cuatro.
- De la champions. Juega el milán con el no sé qué.
- Y un tostado.
- ¿Algo más?
- No…
- …
- …
- …
- …
- Acá viene el lungo de antiojos.
- ¿Para quién son las albóndigas?
- ¿Eh?
- ¿Y la milanesa de peceto? ¿Y el vaso de mistela?
- ¿?
- Y el salame champions- Tomen. Metanselon por donde les quepa. Renuncio.
Consistía en un mapa mental de un camino conocido. A ese camino, por ejemplo, mi recorrido desde mi casa a la escuela, lo dividía en 20 o 30 paradas a las que caracterizaba con una imagen: la puerta de mi casa, la casa de mi vecino, el local de la esquina, la estación de servicio, etc. Cada nueva palabra ocupaba una imagen en ese camino. En una lista de supermercado sería así.
- lavandina: la puerta de mi casa, azul, está toda blanca porque una botella de lavandina enorme se derrama sobre ella.
- pasta de dientes: mi vecino está en su vereda lavándose los dientes
- arroz: el local de la esquina se convierte en un registro civil y sale una pareja de recién casados y le tiran arroz.
- comida para mascotas: el empleado de la estación de servicio es un perro y me cobra la nafta en dogui.
Si al lector le parecen demasiado exageradas las imágenes, sepa que es porque noté que mientras más ridículas las escenas, mejor las recuerdo. El tiempo para memorizar la lista es de 3 a 5 segundos cada ítem.
Hay mozos que, dicen, asocian el pedido a la cara de los clientes. Si el cliente es conocido, el mecanismo sería parecido. Si es nuevo, sería un trabajo extra para esa memoria: el mapa de las mesas, las caras y los pedidos. Me inclino más a pensar que, en estos casos, toman una característica física o de vestimenta para sumarla como marca. En mi caso dirían: "Sale un cortado americano para el lungo de antiojos".
Ireneo Funes, el memorioso personaje de Borges, tenía la capacidad de recolectar información muy detalladamente y sumarla a su memoria a largo plazo. Es decir, era incapaz de olvidar cualquier detalle, por mínimo que fuera. Actuaba, junto a su memoria prodigiosa, una percepción consciente total del momento. Esta característica, lo condenaba al pobre tipo a la inacción, ya que cualquier evento nuevo generaría una memoria nueva detallada que, como sabe cualquiera que haya querido contar una buena anécdota, ocupa mucho más tiempo y espacio que el suceso relatado en sí.
Nuestra percepción es limitada a pocos datos pero tenemos la capacidad de ampliarla de ser necesario. Incluso, cuando estamos viendo un partido de fútbol, ante el violento “No me estás escuchando” de nuestra pareja, somos capaces de retener algunas pocas palabras que ya habían sido dichas, como si fuera un pequeño salto al pasado, y a partir de allí reconstruir la idea general del mensaje.
Estos pocos datos a la vez requieren que nuestra atención sea discriminatoria. Atendemos aquello que creemos que es importante o lo que, por algún motivo psicológico, no podemos dejar de atender, como un pensamiento recurrente o el vuelo ornamental de moscas durante un discurso largo y aburrido.
5 - 4 moscas sobre el terciopelo gris
Cuando era niño y recienvenido a la adolescencia, amaba los argumentos de suspenso y misterio, tanto en libros como en películas. Llegó a mi conocimiento la existencia de una película medio italiana medio norteamericana, 4 moscas sobre el terciopelo gris, del escabroso director Darío Argento. En un momento, el filme postula que la última escena que ven los muertos queda grabada en sus retinas. Es decir, la vieja metáfora llevada a la realidad cinematográfica. Y reconstruyendo este recuerdo físico y sin intervención del cerebro, dan con el asesino. En aquellos años me parecía genial, aún haciéndome ruido, esta posibilidad. Además rompía con el uso de la pura razón de Sherlock Holmes y daba lugar a la creatividad.
Quizás algún día se pueda descubrir algo así, pero mientras tanto tendremos que conformarnos con lo que tenemos: sin el sujeto no existe la memoria. Y ésta no es algo objetivo, como sugería Argento, sino que surge de la interacción dialéctica de nuevos datos con nuestros viejos recuerdos, intereses, emociones, mandatos culturales, afectividad, rechazos y miedos. Todos instalados en nuestra historia. Ah, sí, porque además de dialéctica, la memoria es histórica. Y al no existir sin sujeto, también podría calificarla como material. Si logro meter el concepto de plusvalía, en una de ésas termino diciendo que es marxista.
6 - A veces me imagino a mí mismo como mozo
- ¿Qué se van a servir los señores?
- Una stella de litro.
- Una picada para 3.
- ¿Le compraste el regalo a tu hija?
- Que sea una stella y una quilmes, mejor.
- Sí, un libro de Luis Pescetti.
- Yo voy a tomar una coca zero.
- Ay, coca zero. ¿Qué te hacés?
- Estoy gordo como una albóndiga.
- ¿Cuánto medís?
- No se olvide de mi stella.
- ¿Hay partido?
- Un metro noventa y cuatro.
- De la champions. Juega el milán con el no sé qué.
- Y un tostado.
- ¿Algo más?
- No…
- …
- …
- …
- …
- Acá viene el lungo de antiojos.
- ¿Para quién son las albóndigas?
- ¿Eh?
- ¿Y la milanesa de peceto? ¿Y el vaso de mistela?
- ¿?
- Y el salame champions- Tomen. Metanselon por donde les quepa. Renuncio.



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